El niñato

—Oye, que yo he visto cómo te comías los mocos —le suelto cabreada.

El niñato éste siempre igual. Se toma unas confianzas conmigo…

—Sólo te he sugerido que estás mucho mejor con vaqueros y sin maquillar. Me gustas más al natural —me insiste con una sonrisa pícara.

Le ignoro y me vuelvo a meter en mi dormitorio. La culpa es mía por pedirle opinión.

Me miro en el espejo del armario y veo a una mujer esbelta embutida en un vestido aterciopelado de color granate con escote y zapatos de aguja.

La cara es de una señora de cuarenta largos que ha criado sola un hijo. Los pómulos caen hasta la altura de los hoyuelos, la boca está contorneada por finas líneas transversales y una temible papada comienza a asomar bajo la barbilla.

Quizás tenga razón el niñato y sea preferible acudir a mi cita a ciegas con algo más informal.

Abro el armario del todo y miro y remiro. No se me ocurre otra opción y me enfado.
Vuelvo al comedor con ganas de guerra.

—¿Para qué me dices nada? ¡Ahora me siento horrorosa! Ya no sé qué ponerme…

La cita a ciegas con DonJhonson de la web ‘Adopta a un tío’ empieza a peligrar. Mis ánimos están por los suelos.

El mocoso no me contesta. Está repantigado en mi sofá con el mando de la tele en la mano. Le falta la cerveza, aunque con las confianzas que se está tomando últimamente dentro de poco irá a la nevera y se servirá el mismo.

—Es que ni siquiera sé qué coño haces aquí —le espeto. Él no tiene la culpa de que se me caiga la cara y me salgan arrugas pero ha sido el desgraciado que me lo ha recordado—. ¿Por qué no esperas a mi hijo en otra parte? Vete al campo de fútbol a buscarle.

Nada, me mira sin ni siquiera parpadear. Anda, parece que reacciona, se está sentando correctamente y todo…

—Hoy cumplo 18 años y no me apetece ir a un campo de fútbol a ver un entrenamiento… Estoy mejor aquí.

El acabose. Lo que hay que aguantar.

—Pues vete a celebrar tu cumpleaños a un bar…—Se levanta del sofá y comienza a avanzar hacia mí—. Esta no es tu casa… esta no… Pero, ¡¿qué haces?!

¿Se acaba de quitar la camiseta? ¿Es cierto que se acaba de quitar la camiseta?

Estoy alucinando y no puedo hablar. Sí que practica ejercicio el niño, sí. Tiene unos pectorales, una tripa, una cinturita… Trago saliva porque esta visión juvenil me ha dejado la boca abierta. ¿Pero qué digo? ¡Si es un amigo de mi hijo! Me repongo y le pego un grito.

—¿Qué coño haces? ¿Dónde crees que vas?

Esta ya frente a mí, sin camiseta, oliendo a gel, a limpio, a frescura… Me mira con esos ojos negros que tiene y que siempre me han fascinado y veo instantáneas de su niñez, del parque, de las carreras con mi hijo, de la adolescencia, de sus granos, sus cortes de pelo, sus partidos de baloncesto, las tardes de estudio en mi casa… Y ya tiene 18, es mayor de edad como mi hijo, y le miro y veo el hombre que va a ser y el deseo en sus ojos oscuros y yo ya no tengo cuarenta y pico y no se me cae nada y….

—Te voy a ayudar a quitarte ese vestido…

…le dejo hacer…Torso para el niñato

Copyright © 2016 Teresa Guirado.
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