El presunto

—Hemos detenido al violador, señor.
—¿Violador?, ¿qué violador? No sabía nada del caso.
—La víctima, mujer blanca en la treintena, puso la denuncia anoche, señor.
—No puede ser. Este distrito lleva años sin violaciones. Eso es cosa del pasado. ¿Estamos seguros del testimonio de esa mujer?
—Bueno, tenemos el informe médico y en el lugar de los hechos hay indicios de haberse llevado a cabo actividad sexual. El semen que hemos encontrado nos ha conducido hasta el detenido, señor.
—Ya, bien, pero eso no quiere decir que ella no quisiera, ¿verdad? Dígame, ¿mostraba signos de violencia?
—No, señor. Según ha declarado, se negó al acto e intento zafarse, pero luego se quedó paralizada.
—Consintiendo, ¿cierto? Yo te cuento lo que pasó: estaban juntos, les dio un apretón y ahora ella se arrepiente de lo sucedido.
—Con los debidos respetos, señor. En ese caso, yo me iría a mi casa a contárselo a mi mejor amiga, no a pasar por unas pruebas médicas muy desagradables y a poner una denuncia… señor.
—Hay de todo, Martinez, hay de todo. Es usted muy joven todavía. Ya verá con el tiempo que las mujeres son imprevisibles. Ahora dicen que sí, luego que no… Lléveme ante el detenido, por favor.

—¿Es este?
—Sí, señor.
—Es un tipo normal.
—Sí, señor.
—Lleva ropa normal, tiene cara de buena gente, no parece agresivo. ¿Qué sabemos de él?
—Los del barrio dicen que era un buen vecino, señor.
—Ajá… ¿Y de ella? ¿Qué sabemos de ella?
—Una mujer normal, señor.
—¿Qué hacía sola por la calle?
—Hacía ejercicio, señor. Caminaba a buen paso.
—Hmm… ¿Y qué llevaba puesto?
—Unas mallas y una camiseta deportiva.
—Ya. ¿Y la ropa interior?
—De algodón, señor. De color negro.
—¿Negro? Fíjate, ¿ves? Ropa interior de color negro. Algo buscaba entonces, ¿no cree?
—Bueno, solo las bragas, señor. Por lo visto, tiene poco pecho y no usa sujetador.
—Ya decía yo. Iba por ahí mostrando los pezones erectos y claro…
—En realidad, vestía la protección integral preventiva, como ya hacen casi todas las mujeres hoy en día, señor. La cabeza y el cuerpo entero quedaban ocultos bajo una capa de gruesa tela holgada.
—¿Iba bien cubierta de la cabeza a los pies? ¿No se distinguía su figura?
—Así es, señor.
—¿Y los ojos?, ¿qué me dice de los ojos? ¿Pudo insinuarse con la mirada?
—Llevaba el modelo plus con rejilla, señor. Invisibles al violador.
—Presunto, Martínez, presunto. Hay que estudiar con cuidado lo que pudo pasar. Mira a este tipo, es normal. ¿No lo ves? Algo tuvo que hacer ella. Algo tuvo que hacer…

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Copyright © 2018 Teresa Guirado.
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