Las vacaciones

Todo el mundo está feliz.
¡Vacaciones!, ¡vacaciones!, gritan mis hermanos por casa.
Yo no acabo de comprender lo que eso significa, pero tiene que ser algo bueno, seguro, porque su alegría es infinita.
Corren de un lado a otro, tomando velocidad por el pasillo, como locos. Llevando cosas de aquí para allá, siguiendo órdenes de mamá y papá .
Yo les persigo imitando sus gritos, intento repetir sus voces: ¡vacaciones!, ¡vacaciones!, aunque no, no suena igual.
También intento ayudar. Transporto cosas de un sitio a otro, lo que puedo, porque yo soy más pequeña y no poseo las mismas habilidades que ellos.
Mis hermanos me ven y se ríen de mí, pero yo, en lugar de enfadarme, me pongo contenta porque me encanta verles sonreír.
A cambio de sus risas, de rato en rato me regalan alguna caricia, una palabra amable, algún beso robado y eso me hace sonreír a mí.
Nos queremos mucho.

Estamos listos para partir.
Bultos, bolsas, maletas… todo entra en el coche.
Eso no me gusta. La expectativa del coche no me gusta nada.
El coche no me hace sentir bien porque, en una ocasión, vomité.
No tengo buenos recuerdos. No quiero coche, no.
De modo que me quejo, me quejo mucho, pero da igual, el plan es el plan y las famosas vacaciones, sean lo que sean, empiezan en el coche.
Ahora mis padres me ponen mala cara, están disgustados conmigo y me siento mal.
Les pido perdón. Me he puesto nerviosa, les explico en mi lengua inconexa.

Me calmo, se calman, todos sonreímos de nuevo y nos ponemos en marcha.
El tiempo transcurre y los kilómetros nos alejan cada vez más de casa.
La radio habla, mientras guardamos silencio.
Mis hermanos ven la tele en pequeñas pantallas que sujetan entre sus manos como si fueran tesoros.
Yo miro por la ventana, todo va bien, disfruto del paisaje.
Árboles, montañas, ríos, ovejas…
Las ovejas me gustan mucho.
Grito: ¡ahí, ahí, mirad!, pero nadie me presta atención.

¿Cuánto tiempo ha pasado?
Comienzo a estar harta del encierro, a sentir hambre y me quejo.
Mis hermanos también se quejan.
Logramos la atención de papá y mamá, que detienen el vehículo en un lugar precioso con flores y mariposas y frondosos árboles que nos regalan su sombra.

Salimos a explorar. Corremos, saltamos y olfateamos el aire fresco de la montaña.
Satisfechos de tanta libertad, tan pocas veces disfrutada, nos sentamos a comer con muchas ganas.
Aunque, de pronto, algo cambia.
El ambiente se enfría, las vacaciones se detienen, mis hermanos sollozan.

Mis padres me miran, pero cuando les hablo, me giran la cara.
Recogen las sobras y regresan al coche.
Mis hermanos también.
Yo me entretengo con una mariposa azul y amarilla que aletea junto a mí y la observo e intento darle caza cuando escucho el ruido del motor.
El coche está en marcha y se desplaza despacio por la pista de grava que nos trajo hasta aquí.
Ahora toma la carretera y acelera, mientras observo impávida cómo se aleja sin saber qué hacer.
¿Se han olvidado de mí?
Son mi familia. No pueden haberse olvidado de mí.

Ha debido de ser un error.
Decido correr tras ellos.
Y gritar.
Grito y grito, para que me oigan y paren.
Pero no se detienen, aunque sé que me escuchan.
Mis hermanos ya no miran sus queridas pantallas.
Me miran a mí, a través de las ventanas, y yo veo las lágrimas correr por sus rostros tristes.
Lágrimas a borbotones.
Alzan las manos, las apoyan en el cristal como si quisieran tocarme, lo golpean.
Creo que gritan también.
Y yo corro y corro tras ellos.
Les quiero, son mi familia, todo lo que tengo.
Pero es imposible alcanzarles. Cada vez están más lejos.
¿Están jugando? ¿Se esconderán para darme un susto como han hecho tantas veces?
Me duelen las patas y las caderas.
Me late el corazón en la cabeza y tengo la lengua seca.
No puedo más.
Grito una última vez. Un aullido más que un ladrido, antes de derrumbarme sobre la calzada.

El asfalto está muy caliente. Arde.
Pero no me puedo levantar. Estoy agotada.
Yo no sabía que las vacaciones eran esto. Son muy cansadas.
Me asustan. Me siento sola.
¿Tardarán mucho en volver? Porque voy a esperarles aquí.
Aunque haga demasiado calor y el suelo queme.
No puedo alejarme, para que me encuentren.

Escucho un ruido a mi espalda.
Un motor.
Me pongo contenta.
¿Será mi familia que vuelve a buscarme?
¿Serán ell………. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .    .     .     .     .     .

41BE496E-6E07-4C72-81C7-58879F017E88

Copyright © 2019 Teresa Guirado.
Todos los derechos reservados