Superpoderes

—¡Déjame, te estás pasando!
—Vamos, a las empollonas también les gusta las cosas sucias.
—No es que piense que son cosas sucias, es que apenas nos conocemos. ¡Y no soy una empollona!
—Claro que lo eres. ¡Quién me iba a decir a mí que me enrollaría con la empollona de clase!
—Yo tampoco pensé nunca que acabaría en los brazos del chulito del instituto.
—¿Chulito? Jajaja. Vaya palabra… Nena, es que a las tías, en el fondo, os van los chicos malos…
—¡Que me quites las manos de encima te digo!
—Y si no lo hago, ¿qué? ¿Vas a llamar a tu mami con ese móvil chungo que tienes?
—¿Qué pasa con mi madre?
—Nada, pero es un poco científica loca, ¿no? Con esas pintas raras que lleva… Y siempre está encima de ti, cuidándote como si fueses una niña.
—No hace falta que me cuide nadie. Me sé cuidar yo sola.
—Ah, ¿sí? ¿Con estos bracitos finuchos que tienes?
—No necesito la fuerza bruta, tengo…
—Jajaja, ¿qué tienes? Venga, suéltalo.
—Tengo superpoderes.
—Jajaja, jajajaja… Me parto contigo, tía. Explícame eso, por favor.
—Puedo hacer que sientas cosas. Cosas molestas.
—Cuenta, cuenta que me ría un poco, Harry Potter. Jajajaja…
—No es magia, es ciencia. Cada célula de nuestro cuerpo está compuesta de átomos, y los átomos son núcleos de protones y neutrones con electrones girando a su alrededor. Solo somos vacío y pura energía, y yo sé movilizar esa energía.
—Vaya palabros te gastas. Luego dices que no eres una empollona.
—Te lo explicaré más fácil: emito ondas que pueden cambiar los átomos… las células de tu cuerpo, ¿vale?
—Uuuuuy, emites ondas… ¡qué miedo!
—Eres un burro. Tu cerebro funciona con impulsos eléctricos, ¿sabes? Con esas ondas que emito, que tanta gracia te hacen, puedo hacer que tu cerebro me haga caso a mí, en lugar de a tu propio sistema nervioso.
—Pero ¿qué dices, tía? Tú estás chalada, peor de lo que me habían dicho. ¡Y no soy un burro! Pava, que eres pava. Superpoderes, dice… Va tía, vete por ahí.
—Te lo demuestro cuando quieras.
—Ah, ¿sí? Vale, venga, adelante. Haz que me pique la nariz.
—Está bien. Recuesta la cabeza en el sofá y respira tranquilo.
—¿Vas a hacerlo? Jajaja… Ok, listo. ¿Tengo que mirarte a los ojos o algo así?
—No, no. Puedes cerrarlos si quieres.
—Vaaale, voy a echarme una siesta a tu salud.
—……………..
—¡Joder! Me has sugestionado, tía. ¡Me pica de verdad!
—Te lo he dicho.
—No me lo creo. Prueba otra cosa, que esto ha sido un rollo mío. Hazme algo y no me digas qué es.
—Está bien. ………………….
—¿Qué me has hecho?
—Que te pique el pulgar de la mano derecha.
—¡Coño! Que has acertado, que me pica… ¡Ay, para ya!
—Jejeje.
—No puede ser, tía, no puede ser. Esto es un truco. Son las patatas fritas que has traído. Seguro que llevaban algo.
—¿Las patatas fritas? Jejeje… Puedo pararte el corazón si quiero.
—Ya, claro. Tengo un corazón teledirigido, no te jode.
—¿Lo hago?
—Pshhh, como quieras.
—………………………………….

—¡Mamá, mamá, lo he hecho!
—Hola, cariño. ¿Qué has hecho?
—¡He accedido a su sistema nervioso y he paralizado su corazón!
—¡¿Qué?! ¡¿De quién?! ¡¿Qué has hecho?! Oye, rápido, sea quien sea deshazlo, ponlo en marcha otra vez antes de que su cerebro muera, ¡¿me oyes?!
—Voy. ……………………. Ya respira, mamá. Ya se mueve.
—Bien, y ahora escúchame con atención, esto ya lo hemos hablado: ser bruja es más que un don, es una gran responsabilidad. Debes pensar en los demás y hacer el bien… ¡No ir parando corazones por ahí!
—Sí, sí, lo entiendo, siempre lo mejor para el prójimo… Te dejo, mamá, que ya vuelve en sí.

—¿Estás bien?
—Pues claro, ¿por? No creerás que me has parado el corazón, ¿verdad? Jajajaja… Solo me he dormido porque este jueguecito tuyo ya me está aburriendo.
—Claro que lo he hecho, idiota. He hecho que tu sistema parasimpático redujera el ritmo cardiaco y…
—¡Que no me llames idiota! ¡Ni burro, ni idiota, ni nada, joder! Mira, tía, me he cansado de tus historias. Tienes buenas tetas y eso es lo único que me interesa de ti, ¿sabes? Ademas, me dijeron que te lo habías montado con el capullo ese, con el repetidor musculitos, así que pensé que serías una tía fácil, pero veo que solo eres una calentorra y eso me pone de muy mala hostia. Si quieres follar, te quedas, y si no, te largas ya mismo, que me estás haciendo perder el tiempo.
—¿Y lo de salir juntos? ¿Lo de ir al cine mañana y presentarme a tus amigos? ¿Lo de formar parte de la pandilla?
—Mira, pava, si quieres salir conmigo los superpoderes los quiero ver aquí, en mi polla, jajajaja…
—Eres un obseso, ¡pero si es nuestra primera cita!
—Follar, tía, follar. Una mamada, mínimo, y si no, te largas con tus superpoderes a otra parte, pirada. Total, lo que veo tampoco me pone tanto como pensaba.
—¿No te gusta lo que ves?
—No, tía, muchas tetas, sí, pero porque estás demasiado gorda. Cuídate más, joder, que vas a acabar poniéndote como una vaca.
—Una vaca…
—Sí, joder, sí, una vaca, ¿vale? Muuuu, muuuu…
—¿Sabes? Tienes razón, voy a cuidarme a mí misma y a otras ingenuas como yo. Es mi responsabilidad.
—¿Cómo?
—Hacer el bien, cuidar de las demás. ……………….
—¿Qué haces?
—…………………..
—¡¿Qué coño haces?!
—…………………………..
—¡No veo, puta! ¡¡No veo!! ¡¿Qué me has hecho?! ¡Devuélveme la vista! ¡¡No veoooooo!!
—¿Yo? Yo solo soy una gorda con un buen par de tetas, ¿qué he podido hacer yo, pobrecita de mí? Serán los nervios. Relájate, hombre… Y oye, que no pienso mamártela, así que me marcho ya. Que te vaya bien.
—¡No, no te vayas! No me dejes así! ¡¡Nooooooooo!!

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