Toda una vida

Se estiró la camisa y metió los bajos con sumo cuidado dentro de la cinturilla del pantalón. Pasó las manos por las pelusas invisibles de las perneras y paseó su viejo peine por el cabello ralo. Miró a su alrededor satisfecho: olía a limpio y el suelo relucía pero ya no resbalaba. Se cuidaba mucho de fregarlo con suficiente antelación para que se secara, bien seco, antes de que ella saliera hacia su paseo diario.

El reloj marcó la hora especial y aguardó impaciente. Desde el interior, a través del cristal de la puerta, observó acercarse a sus amigas. <<Ya falta poco>>, pensó, y notó enseguida el acostumbrado hormigueo en las tripas.

El ruido seco del ascensor anuncia su llegada. Sube, para, baja. Y el corazón acelerado poniendo en riesgo las nuevas válvulas injertadas hace nada.
“Invalidez permanente”, le dijeron. “De eso, ni hablar”, replicó él.
Cuarenta años en su puesto son muchos años. Toda una vida que no deseaba cambiar por nada. ¿De qué le iban a servir sus baipases múltiples si su corazón perdía la razón de seguir latiendo?
De la portería le sacaban con los pies por delante, lo tenía claro.

La puerta se abre y se concentra en el momento. Se estira, se yergue, se endereza, aprieta la panza y sonríe cuidando de no mostrar los huecos oscuros de su boca.

Del ascensor surge un ángel con pelo blanco de peluquería y ojos claros, piel de cristal y huesos de bailarina. Viste con esmero y luce oro en lóbulos y escote. Tintinean también sus muñecas, abrazando un bolso de lujo, entre destellos dorados de anillos y piedras preciosas.

—Buenos días, doña Inés.

Ella le mira como si fuera la primera vez que le ve y desvía la vista a la calle.

—Buenos días –le regala con voz cantarina y una sonrisa.

Sonríe a sus amigas, él lo sabe, pero se siente agradecido por esa visión perlada que ha puesto brillo también en los ojos bien pintados. La observa alejarse calle arriba admirándo cada uno de sus pasos.
Ahora leerá un rato para abreviar el pasar de las horas y, en cuanto se distraiga un poco, ya la tiene de vuelta otra vez.

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Copyright © 2016 Teresa Guirado.
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